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Un año bursátil decepcionante

El pasado mes de enero, las Bolsas europeas comenzaban a descontar la posibilidad de que por primera vez en su historia, el BCE lanzase un proceso de relajación cuantitativa, a imitación de las acciones monetarias llevadas a cabo por la mayoría de Bancos Centrales occidentales.

Días después, la Autoridad Monetaria formuló un QE de un importe mayor al que apuntaban la mayoría de previsiones. En ese momento, la sensación que existía entre los inversores era que 2015 sería un año bursátil magnífico, especialmente, para los mercados europeos.

Tras un primer trimestre espectacular, en el que los índices europeos acumularon subidas de entre el 20 y el 25% (el Ibex ya mostraba la debilidad que arrastraría todo el año), las expectativas se corregían incluso al alza.

Pero finalmente, el año recién concluido ha sido bastante decepcionante para las Bolsas. Al margen de la tendencia alcista de fondo, hemos padecido tres procesos correctivos que han minimizado las subidas netas.

La primera corrección, considerada como saludable, se produjo entre mediados de abril y principios de julio. En ese período de tres meses se concentraron dos factores negativos: un rebote del EUR, tras la fortísimas caídas acumuladas desde mayo de 2014, y sobre todo, las fricciones entre Grecia y la Troika para orquestar un Tercer Programa de rescate que estuvo a punto de no llegar.

Tras caer a doble dígito, las Bolsas europeas se recuperaron intensamente durante la segunda y la tercera semana de julio, para dar paso al segundo descenso, que a la sazón sería la mayor corrección de las Bolsas desde los peores momentos de la crisis del Euro.

A finales de julio, comenzaban a intensificarse los miedos provocados por la situación económica que atravesaba China, tras los avisos dados por sus mercados bursátiles.

En concreto, en los dos meses que van desde finales de julio a finales de septiembre, los descensos se aproximaron al 20%, fruto de un cóctel explosivo formado por China, las materias primas, las divisas emergentes y el pánico a una posible recesión mundial.

Tras una fulgurante recuperación en octubre y noviembre, y cuando las Bolsas atravesaban grandes resistencias y daban señales de fortaleza, tuvo lugar la corrección de diciembre, marcada por la decepción generada por una ampliación del QE europeo inferior a la esperada, y por un nuevo tramo de caídas en el crudo, tras la decisión de la OPEP de mantener la producción.

Así pues, el resumen del año es el siguiente: las materias primas, y la evolución de China y otras economías emergentes han ejercido un lastre muy importante para las Bolsas, neutralizando en gran medida el efecto de la política monetaria del BCE.

En ausencia de esos factores bajistas, las subidas de los selectivos europeos hubieran sido entre un 10 y un 20% superiores.

El Ibex 35 ha sido el selectivo con un peor comportamiento, causado por su extraña composición corporativa, muy concentrada en valores que han tenido un mal año. El mal desempeño de los dos grandes bancos (política monetaria BCE y exposición a emergentes), de Telefónica (Brasil) y de Repsol (petróleo), es el causante del diferencial entre el Ibex 35 y el resto de índices europeos. El riesgo político también ha perjudicado al selectivo, pero en menor medida.

Entre los valores ganadores, tenemos a empresas de energías renovables (Gamesa, Acciona), de turismo (IAG, Meliá, NH Hoteles, Amadeus, Aena), a farmacéuticas (Grifols, Rovi, Almirall), y a otras empresas muy exportadoras o con gran presencia internacional (Inditex, Cie Automotive, Ebro Foods). En general, muchas de estas empresas se han beneficiado claramente de la caída del Euro.

De cara al año que viene, las cuestiones que han marcado el 2015 van a continuar monopolizando la agenda de los inversores. Los movimientos del EUR/USD y del petróleo, por un lado, y la evolución de la economía China, por otro, serán probablemente las tres cuestiones principales para las Bolsas. Si la divisa europea prosigue su tendencia bajista (el BCE guarda en la manga la ampliación de las compras), el petróleo consigue estabilizarse, y China mantiene su ritmo de crecimiento (cifrado en el 6,5%, tras la batería de medidas emprendidas por sus autoridades), la frustrada subida de 2015 podría tener otra oportunidad en 2016. Comprar en las correcciones parece ser la estrategia a seguir.

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