7 razones de peso para vivir sin deudas


Darío lleva un estilo de vida que muchos de sus amigos admiran, tiene una casa soñada, un vehículo último modelo, usa ropa de marca, viaja constantemente, entre otras comodidades, todo lo que ha querido lo ha conseguido.  Lo que no saben los amigos de Dario, es que nada de lo que tiene le pertenece realmente, porque todo lo ha comprado y disfrutado con el dinero de los bancos.

Darío tiene la creencia de que la mejor forma de adquirir las cosas que quiere es a través de la deuda, es fiel seguidor del dicho: “EL QUE NO ADQUIERE UNA DEUDA NUNCA CONSIGUE NADA”, así que, su filosofía es financiarlo todo para poder tenerlo de forma inmediata.

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Cada vez que Darío recibe sus ingresos debe pagar las cuotas mensuales de sus deudas y, después de ello, no le alcanza el dinero para cubrir sus gastos básicos del mes, lo cual es un indicador de que su nivel de endeudamiento se ha salido de control.

Si no toma ya las riendas del asunto, es cuestión de tiempo para que la situación de Dario vaya a peor. Si no realiza acciones de mejora, terminará pidiendo prestado dinero, -en dónde sea y al interés que sea- no sólo para pagar los básicos mensuales, sino para pagar nuevas deudas. Por este camino el  cashflow de Dario siempre será negativo y sus finanzas siempre estarán en el abismo. 

La razón por la que una persona asume el endeudamiento como un pilar, es porque piensa que es el único camino para lograr que su vida sea más agradable y placentera. Lo paradójico es que esta práctica, más allá de darles una satisfacción efímera, terminará inevitablemente haciendo su vida de cuadritos en el mediano y largo plazo.

Lo ideal es no tener deuda improductiva pero, en caso de tenerla es importante que sepas que el nivel de endeudamiento debe tener un límite: máximo del 30% de tus ingresos netos. Así, por ejemplo, si tus ingresos netos ascienden a la suma de 2.000 USD el pago mensual de tus créditos no debería exceder los 600 USD.

Para saber si tu nivel de endeudamiento está sobrepasando los límites, el primer ejercicio que debes realizar es un diagnóstico de tus ingresos Vs tus deudas. En él debes relacionar, sin excepción, cada uno de los valores que pagas por concepto de cuotas de créditos y calcular el porcentaje que, cada una de esas cuotas, representa en tu ingreso.

Si como resultado del diagnóstico descubres que un gran porcentaje de tu ingreso se destina al pago de deudas, ¡estás en alerta roja! ¡Debes dar un giro inmediato a la manera en que organizas y administras tus finanzas!

Recuerda: no se trata solo de identificar si estás sobre endeudado y esperar inmóvil a ver hasta dónde te lleva la corriente, debes tomar cartas en el asunto e iniciar un plan de acción que te permita pagar tus deudas.  Pero, lo más importante,  debes ser consciente de las causas que te llevaron a estar en esta desagradable situación y trabajar con compromiso para erradicarlas.

El siguiente comparativo te permitirá tener un panorama de la forma en cómo se ve la vida cuando tienes deudas y cuando no las tienes.

 
TU VIDA CON DEUDAS
TU VIDA SIN DEUDAS
No tienes un plan, simplemente vas comprando ¡YA! todo lo que quieres,  sin darte cuenta que estas poniendo en juego tu tranquilidad y la de tu familia.
Puedes tener todo lo que quieres aunque no sea de forma inmediata, porque tienes un plan, unas metas y unas estrategias para cumplir sin poner en juego tu tranquilidad.
Cuanta más deuda se acumula, más hay que trabajar, incluso te angustia el solo hecho de pensar en quedarte sin trabajo. Muchas veces debes soportar el trabajo que no te gusta sólo porque tienes muchas deudas que pagar. 
Cuando no tienes deudas, trabajas con menos presiones financieras, de hecho puedes darte el lujo de renunciar a un empleo y buscar uno que se ajuste más a lo que quieres.
Con deudas, te la pasas diciendo: "El dinero no alcanza para nada" ya que más demora en llegar a tus manos que en ir a parar a los diferentes bancos y establecimientos de comercio en forma de cuotas mensuales.
Sin deudas, el dinero te alcanza para todo, porque siempre tienes un presupuesto establecido,  tienes claro lo prioritario, lo importante y dejas para el final los caprichos.
Cuando hay deudas, todo lo compras por un precio mucho mayor a su valor real, debido a los intereses que debes pagar por el uso del dinero.
Cuando no tienes deudas, puedes comprar cosas al precio justo y real e incluso por debajo del mismo, porque planificas las compras y tienes  la oportunidad de aprovechar las ofertas.
Tu prioridad es pagar deudas, así que ni pensar en hablar del ahorro para inversión, del fondo de emergencias ni mucho menos de destinar un porcentaje para ayudar a las personas que lo necesitan de verdad.
No tener deudas hace que tu flujo de efectivo o cash-flow al final de cada mes sea positivo, lo cual te permite hacer las reservas correspondientes para futura inversión, fondo de emergencias y ayuda a los necesitados.
Entre más deuda tienes más fácil es que te sigas  endeudando. Este círculo vicioso no te permite trabajar en mejorar tus malos hábitos de consumo.
Cuando tienes el placer de vivir sin deudas te vuelves cauteloso y consciente a la hora de gastar tu dinero y trabajas siempre en mejorar tus hábitos de consumo. 
En la medida en que las deudas aumentan, tu vida se llena de estrés y ansiedad, se afecta tu salud física y mental, las deudas te quitan el sueño, generan conflictos con tus seres queridos y las personas con las que compartes el día a día. 
Una vida sin deudas conlleva menos estrés y ansiedad financiera, duermes tranquilo, disfrutas de tu familia y de las pequeñas y valiosas cosas que cada día pasan a tu alrededor.
 
Te invito para que compartas en los comentarios, ¿cómo disfrutarías más la vida, con deudas o sin ellas?

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