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El 30 de julio de 2011, por la noche sale publicado en “el economista” una noticia que no es propia de un sábado a la noche del fin de semana que da entrada al mes de agosto de cualquier año.

Quizás por esto, no ha sido publicado en ningún lugar. Aunque quizás puede ocurrir un efecto parecido a lo que nos encontramos con todas las noticias de Wikileaks. Son aspectos increíbles, importantísimos y de un escándalo mayúsculo. Pero sin embargo no son sorpresas, sino que estamos hablando de algo que todo el mundo sabía, conocía o intuía.

La noticia no es otra que las declaraciones de dos directivos, (el CEO y el director de derivados) de Moody´s, en la que nos manifiestan que existieron y existe la compra de calificaciones de deuda.

El proceso es en realidad muy simple,  y se basa en que la banca ha diseñado unos cuantos miles de productos que luego había que cualificar. En consecuencia desde la banca se busca aquellas agencias de calificación que otorgan el sobresaliente, y pagan generosamente el resultado obtenido, que básicamente es vender como sobresaliente lo que no es otra cosa que basura financiera. Todo ello ante la absurda pasividad de unos reguladores, que lejos de tratar de frenar toda esta ESTAFA, lo que han hecho y hacen es darles un mayor poder.

En este aspecto sorprenden y mucho declaraciones, como las efectuadas por el Banco Central Europeo, al respecto de la posibilidad de la creación de calificadoras de riesgo públicas, en base a que el mercado no les va a dar credibilidad. Desde luego es un poco ridículo a estas alturas del partido y con este tipo de noticias, (a las que no se les da difusión ninguna), hablar con un mínimo de seriedad de aspectos como puede ser la credibilidad.

En todo caso, debemos recordar que las agencias de rating, no son las únicas empresas dedicadas a ofrecer lo que se supone que son valoraciones independientes de determinados aspectos complejos, para ofrecer al resto de agentes económicos una información veraz, pertinente y un análisis sobre la situación real de determinados aspectos. Y lo peor es que tampoco son las únicas que han olvidado precisamente esto y se han dedicado al juego de plegarse a los intereses de otros con el fin de conseguir mayores beneficios o incluso de existir.

En el caso de las agencias de rating, el tema está muy claro y desde luego el desastre está en el ADN del sistema, (ya lo expuse en su día en el post sobre las regulaciones de rating); no se puede permitir que el que intenta vender algo sea el que elija la agencia calificadora y aún por encima negocie el precio con ella; es obvio que las agencias de rating tendrán que contentar a su cliente, (el que le pague y el que le consigue negocio), a costa de todo lo demás. En este sentido, la única solución es el sector público y un sector privado, para casos excepcionales, pero siempre pagadas y libremente elegidas por el comprador.

Pero es que además nos encontramos con otros casos, como las auditoras. Las auditoras han de velar por que la imagen transmitida por los estados contables refleje la imagen fiel de las empresas. Sin embargo, al igual que en el caso de las agencias de rating, cada compañía elige y paga la auditora que necesita. Por lo tanto es totalmente obvio que una auditora que se dedicase a comprobar meticulosamente las cuentas y en consecuencia a auditarlas, (en lugar de comprobar que los asientos contables están bien construidos), simplemente se moriría de hambre en un entorno en el que la ingeniería contable para ocultar pérdidas, incrementar el valor o maximizar beneficios de forma irreal están a la orden del día.

De nada sirve una auditoría que no implique la investigación y la fiscalización salvo para aquello de llenar los bolsillos de auditoras que se pongan a marcar “tics” en un “check”, salvo que las empresas (e incluso las administraciones públicas), pueden presumir de tener unas cuentas auditadas. Por supuesto, todas las medidas dedicadas a acotar la responsabilidad de los auditores, (en el papel ligeramente superiores a las agencias de rating, pero en la práctica prácticamente similares), serán claramente contraproducentes a la hora de conseguir el objetivo que se les supone, (y lo tengo que aclarar: ¡garantizar que los balances de una empresa reflejen su imagen fiel).

Es curioso comprobar que los errores de las agencias de rating, o de las auditoras, han sido clamorosos, y desde luego que cuando empezamos a rascar un poco, pierden el rango de errores y adquieren el rango de escándalo mayúsculo que es enterrado conveniente, para seguir siempre con la misma dinámica.

Siguiendo por el lado de la responsabilidad y las alteraciones de las valoraciones a conveniencia, tenemos el caso de las agencias de tasación, que han sido parte fundamental en la gestación de la burbuja inmobiliaria, que ha arruinado a tanta gente, que ha disparado los problemas de acceso a la vivienda, (tanto en compra como en un alquiler que depende de este) y que no han sido en absoluto cuestionadas. En este caso, encontramos también los mismo criterios que son los de la independencia como marketing, a pesar de que han sido contratadas masivamente por las entidades de crédito, aunque en este caso pagadas por el comprador, que normalmente no tenía el mínimo contacto con ellas. En todo caso, no es en absoluto defendible que no tengan la mínima responsabilidad las entidades encargadas de determinar el valor de un activo como los inmuebles en una situación en la que se habla ya sin ningún tipo de pudor de millones de “tasaciones irreales” . Tampoco en este caso parece que nadie se haya planteado más soluciones que las de determinadas entidades financieras que ahora parece que se deciden a poner dos valoraciones para los pisos en las hipotecas; una a efectos de conceder la hipoteca y para las titulizaciones hipotecarias y otra para el caso de subasta. Trampa muy curiosa para decir esto vale “A” cuando me interesa que valga “A” y “B” cuando me interesa que vale “B”, pero que a la larga, nos deja una gran duda: ¿Cuánto vale en realidad?.

Y ya que estamos valorando y con la responsabilidad, me quedan todas las casas de análisis de bolsa, que siguen exactamente el mismo patrón, emitiendo unos informes completamente absurdos, en los que los disclaimer ocupan más espacio que el análisis y que en definitiva acaban informando sobre lo que más le interesa a las entidades, que acaban usando estas valoraciones como una forma de obtener beneficios induciendo a los terceros a realizar aquellas operaciones que le interesen a la entidad financiera a costa de estos.

En definitiva, no es posible entender que un sistema funcione, (y de la confianza y credibilidad en el sistema ya ni tan siquiera es necesario decir nada), si no nos podemos fiar de toda una serie de órganos que están consiguiendo beneficios derivados de aprovechar una supuesta independencia y capacitación profesional para generar ideas equivocadas en los agentes económicos que les lleven a conclusiones erróneas, para a su vez tomar decisiones económicas que les van a llevar al desastre. En otras palabras, no es posible que un sistema económico funcione, cuando se pagan ingentes cantidades de dinero para conocer la realidad de determinados ámbitos, se obtenga falsedad y mentira con premeditación para que la banca obtenga beneficios.

Por tanto, se han de repensar tanto el diseño de todos estos agentes, (para que los incentivos no sean los actuales que son los de ignorar, mentir y engañar) y por supuesto la responsabilidad, por lo que no tiene sentido es que salgan directivos de una agencia calificadora diciendo que se han alterado ratings por dinero y no acabe en la cárcel y pagando el resto de su vida por los grandes perjuicios causados.

  1. en respuesta a Juanff
    #5
    Gaspar

    Desgraciadamente ninguno y los pocos que de vez en cuando dicen algo solo es para ganar votos.

    Saludos

  2. en respuesta a Gaspar
    #4
    Juanff

    Yo pienso exactamente lo mismo, pero ¿dime un solo político de cierta relevancia que hable sinceramente de esto?.

    S2

  3. #3
    Bloster

    el que haya delincuentes no es el problema, el problema es cuando esos delincuentes son amigos de la policia que esta para detenerlos y de los jueces que deben mandarlos a la carcel y entre todos arreglan el tinglado.

    el que banqueros sin escrupulos sobornen a auditores corruptos para engañar a los clientes y a los ciudadanos en general, aunque no lo acepte, me parece logico.

    el que los reguladores y los legisladores miren para otro lado y/o peor aun y es que estuvieran mirando pero no se enteraran por incompetencia es lo que me solivianta, no necesitamos ni mas estado ni mas leyes, lo que necesitamos es que lo que ya tenemos trabaje para los ciudadanos y aplique las leyes que ya existen,si el riesgo de ir a la carcel o de que te dejen en la calle y arruinado fuera cierto no habria tantos trapicheos en la banca.

    un saludo.

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  4. #2
    Comstar

    Si estuviera en tus manos contratar a los profesores que te darían el título de maestría en tu carrera, para que te evalúen, adivina qué ocurirá. Contratarás a los menos exigentes, quienes ojalá te permitan graduarte aunque no hagas absolutamente nada.

  5. #1
    Gaspar

    Muy buen post. Mientras no se castigue de manera ejemplar a este tipo de responsable y se les deje caminando "arrepentidos" de sus pecados, las cosas no cambiarán. Es necesario mas fuerza del Estado en estos aspectos.

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