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¿Ser feliz invirtiendo en bolsa?

Si algo tienen en común todos los inversores que están en bolsa es el fin que les ha llevado a los mercados financieros: ganar dinero.

Evidentemente, estamos en bolsa para ganar, no para perder. Pero el camino que nos conduce a alcanzar ese objetivo puede ser una carretera asfaltada y recta, en la que únicamente tengamos que estar pendientes de las señales para ir en la dirección correcta, o un sendero tortuoso y lleno de baches que convierta el viaje en un martirio.

Pues bien, es asombrosa la cantidad de inversores que eligen el segundo camino. ¿Por qué? Principalmente, por culpa del ego.

Podríamos afirmar que tanto la experiencia que vivamos invirtiendo como los resultados que obtengamos en nuestra operativa dependen en un 60% de la gestión de nuestro ego. El otro 40% es una cuestión de metodología y de seguir ciertas reglas.

La falta de control sobre emociones como el miedo o la impaciencia conduce a muchos inversores a una espiral de sufrimiento innecesario que influye negativamente en su día a día e, incluso, perjudica a sus relaciones personales, por no hablar de las pérdidas económicas en las que acaban incurriendo. 

En cambio, con un trabajo psicológico adecuado y siguiendo determinadas pautas lógicas, se puede ser feliz invirtiendo en bolsa.

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Invierte con conocimiento

Parece una obviedad afirmar que para invertir en bolsa es necesario tener unos conocimientos adecuados, pero lo cierto es que una de las principales razones por las que muchos inversores lo pasan realmente mal es el haber empezado a invertir sin haber pasado previamente por una formación específica o simplemente teniendo una ligera noción de lo que es la bolsa.

Es una realidad que nos llama mucho la atención a los profesionales del sector, puesto que invertir en bolsa no es un juego, sino una actividad para la que hace falta una capacitación.

Igual que nadie puede empezar a conducir un coche sin saber cómo funciona un embrague o sin poder interpretar las señales de tráfico, porque lo más probable es que provoque un accidente, supone una gran osadía meterse en bolsa sin saber cosas tan básicas como qué es un stop o cómo se analiza un gráfico de bolsa.

Enfrentarte al mercado sin formación es comparable a retar a un jugador de ajedrez con un conocimiento de 10, cuando tú tienes un nivel 2. Tienes todas las posibilidades de perder y, encima, si apuestas dinero en esta partida es un sinsentido.

 

Lo barato sale caro

El refranero español nos brinda la otra regla de oro para ser feliz invirtiendo.

Aunque la idea más extendida entre los inversores es que hay que comprar acciones que bajan para luego venderlas cuando suban, lo cierto es que, en bolsa, comprar barato acaba saliendo caro. ¿Por qué?

El hecho de que el precio de un valor de bolsa esté más bajo ahora que antes nos está indicando que se ha iniciado una tendencia bajista. Si bajó el mes pasado y ha bajado este mes, es muy probable que siga bajando. Si pensamos como inversores y no como compradores, evitaremos entrar en ese momento, por muy tentador que resulte el precio.

Al final, se trata de invertir con lógica y todas esas recomendaciones que nos llegan para comprar “saldos” no tienen ninguna lógica desde el punto de vista de la inversión. Lo que pasará, seguramente, es que acabemos perdiendo, tanto nuestro dinero como los nervios.

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Máximos Históricos: invierte donde están los ganadores

Entonces ¿dónde hay que invertir? ¿Qué acciones nos ofrecen más garantías de éxito? 

Desde mi punto de vista, los mejores valores para invertir son los que están subiendo y, además, están en máximos históricos, es decir, al precio más alto desde que la empresa empezó a cotizar. No importa lo que nos digan sobre esa compañía ni que nos intenten hacer ver que está demasiado cara como para entrar. En lugar de eso, pensemos que todos los que tienen esa acción están ganando.

La revalorización del precio es el principal indicador para saber si un valor es bueno para invertir a largo plazo. Por supuesto, habrá que tener también en cuenta otros factores relacionados con el precio. Concretamente, es importante fijarse en el volumen y en la volatilidad. Pero los factores externos al precio, como los rumores sobre la compañía o el contexto económico y político, solo van a servir para confundirnos.

Incluso en los peores años de la crisis financiera, hubo empresas que crecieron. Una de ellas fue el gigante tecnológico Amazon (Nasdaq: AMZN), que en 2009, no solo recuperó lo que había perdido durante 2008- año del estallido de la crisis-, sino que volvió a máximos históricos, en 118,81 dólares. ¿Era caro comprar Amazon a 118,81? 

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Otro ejemplo más cercano es el de Ferrovial (FER.MC). Cuando España vivía las peores consecuencias de la crisis de la construcción, esta multinacional de infraestructuras y transporte con sede en Madrid rompió Máximos Históricos. Eso significaba que iba bien y que los que habían invertido en ella estaban ganando, independientemente de las observaciones de los analistas.

 

Corta pérdidas: no permitas que el ego te impida cerrar malas posiciones

Otro de los retos a los que se enfrenta el ego de los inversores en bolsa es la dificultad para cortar pérdidas en acciones que bajan.

Ocurre muchas veces. Alguien invierte en una empresa que va bien y, al cabo de un tiempo, los resultados se tuercen. La empresa empieza a bajar, pero el inversor la mantiene en su cartera. Se resiste a venderla, a pesar de las pérdidas. A veces, subyace en esta actitud un cierto apego a la empresa por cuestiones sentimentales, pero la principal razón por la que un inversor mantiene una acción perdedora es el amor propio y la incapacidad de reconocer errores.

Pasa lo mismo con los negocios físicos. Una persona tiene un restaurante que sirve una comida selecta, buen ambiente y personal muy cualificado. Siempre está lleno y funciona de maravilla. Por otro lado, tiene un pub en que ha puesto mucha ilusión, pero que va mal y da pérdidas. Tiene que tomar la decisión de cerrar y, aún así, no lo hace. ¿Por qué? Porque si cierra, pensarán que es un fracasado.

Y es que la idea de fracaso que tenemos en España no tiene nada que ver con la idea de fracaso que tienen en otros países, como Estados Unidos, por ejemplo. En el “país de las oportunidades”, haber fracasado en un negocio es un valor añadido a tu trayectoria profesional, porque representa la oportunidad de aprender lo que no se debe hacer.

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En cambio, en España, si has fracasado te ven como un gafe. Esta imagen del fracaso influye muy negativamente a la hora de seguir una estrategia de inversión inteligente.

Por tanto, si una empresa va mal en bolsa, hay que cerrarla lo antes posible, porque, si no, en poco tiempo, perderás un beneficio que te ha costado años conseguir.

Por otro lado, en bolsa, se da la paradoja de que muchos inversores cierran la posición que va bien - el restaurante- y se quedan la que va mal - el pub-, cuando lo que hay que hacer es todo lo contrario. Es decir, no dejan correr los beneficios de un valor al alza y, en cambio, acumulan las pérdidas de un valor a la baja. Hasta ese punto el ego juega en contra de la rentabilidad en bolsa. 

Así pues, en lugar de dejarte dominar por el ego, actúa como un robot y no dejes que los sentimientos te gobiernen a la hora de invertir.

 

Disfruta cuando los beneficios estén a tu favor

Como decía anteriormente, a los inversores les cuesta dejar correr los beneficios. Justamente cuando más podrían disfrutar invirtiendo, al ver cómo una acción de su cartera sube semana tras semana, mes tras mes, se dedican a sufrir pensando que, en cualquier momento, se podría girar la tendencia.

Dicho de otra manera, el miedo se convierte en el peor enemigo de los inversores cuando los beneficios están a su favor. Les invade el miedo a perder lo que ya han ganado, aunque sea poco. Entonces, la idea más recurrente que impone ese miedo en la mente del inversor es la que reza el famoso refrán “más vale pájaro en mano que ciento volando”

¿Pero por qué ganar un 10% cuando puedes tener un 50%, un 60% ó un 100% de beneficio?

Por supuesto, dejar correr los beneficios en bolsa no quiere decir olvidarse del riesgo. El riesgo está ahí y tenemos que gestionarlo, sobre todo, usando los stops.

 

Haz de los stops tus grandes aliados

Los stops son los grandes aliados de los inversores. Permiten limitar las pérdidas cuando las acciones bajan y también dejan correr los beneficios cuando el precio de una empresa se revaloriza. Por tanto, constituyen la principal herramienta para gestionar el riesgo en tu inversión.

Precisamente, uno de los factores que se deben tener en cuenta a la hora de elegir un bróker es que éste permita la colocación de stop loss en todos los mercados.

Invertir en bolsa sin usar stops es como conducir sin frenos en un camino plagado de socavones inesperados, en los que corremos el peligro de caer. Y, aún así, hay mucha gente que no usa stops.

Si colocas un stop loss cada vez que abres una posición en bolsa, ya eres en parte ganador. ¿Por qué? Porque ganas en tiempo y ganas en tranquilidad, que ya es mucho.

Una vez dicho esto, surge la cuestión de qué tipo de stop loss te conviene más. ¿Es mejor usar un stop a mercado o un stop limitado?

Nosotros somos más partidarios del stop a mercado, por la sencilla razón de que es el tipo de stop que nos garantiza realmente que la posición se cerrará si se cumple la condición que hemos especificado previamente, aunque para ello tengamos que aceptar, a veces, un precio de mercado menor al estipulado.

Por otro lado, tan importante como usar stops es gestionar nuestras emociones cuando un stop salta y la acción se vende. Es justo en ese momento cuando más conviene pensar como un robot y aplicar todo el pragmatismo posible. En vez de verlo como la pérdida de una inversión, tómalo como la oportunidad de encontrar una acción mejor en la que invertir ese dinero fresco.

 

 

Diversifica y vencerás

Aparte de los stops, contamos con otra herramienta fundamental para gestionar el riesgo en bolsa: la diversificación.

Diversificar es imprescindible para minimizar el riesgo en las inversiones, tanto dentro de la bolsa como fuera de ella.

Poner todos los huevos en la misma cesta equivale a jugárselo todo a una carta, de forma que si esa carta sale mala, perdemos el 100%.

Pero diversificar no significa invertir en tres bancos diferentes o en dos energéticas españolas, por poner un ejemplo. Diversificar es invertir en distintos sectores y países, de manera que no solo ampliamos nuestras probabilidades de ser rentables, sino que también reducimos las posibles pérdidas en caso que uno de esos sectores o países sufra caídas.

No es casualidad que los empresarios más exitosos del mundo diversifiquen sus inversiones de forma estratégica. El mismo Warren Buffett tiene su cartera distribuida entre firmas de bienes de consumo, financieras, energéticas y alguna tecnológica. Por su parte, el CEO de Amazon, Jeff Bezos, extiende sus inversiones a los medios de comunicación, la tecnología y la construcción, mientras que Carlos Slim reparte su capital invertido entre el sector inmobiliario, el aéreo, el tecnológico, la hostelería, la banca, la minería y los medios de comunicación.

Sin entrar en más matices, podríamos afirmar tener una cartera de inversión relativamente bien diversificada supondría contar con entre seis y diez compañías distintas distribuidas en volatilidades diferentes.

Ahora bien, no se trata tampoco de invertir en distintos sectores elegidos sin criterio. Adelantaremos una buena parte del camino si, ya de antemano, realizamos una selección adecuada. ¿Cómo? De nuevo, utilizando la lógica.

 

Invierte con lógica para ser rentable

Es asombroso cómo las personas nos complicamos muchas veces la vida para llegar de un punto a otro o para buscar soluciones a nuestros problemas, cuando sería más fácil si nos paráramos cinco minutos a pensar con lógica.

En el siglo XIV, el filósofo Guillermo de Ockham formuló su famoso principio de economía “Navaja de Ockham”, según el cual “en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable”. Pues bien, siete siglos después, seguimos optando muchas veces por la probabilidad más compleja. Y todo por falta de lógica.

Podríamos mencionar algunos ejemplos representativos de los buenos resultados que puede dar el uso de la lógica en los negocios. Uno de ellos es el de una importante empresa cosmética de Japón, que, tras recibir una reclamación de un cliente, detectó que algunas de las cajas de jabones que salían de su fábrica de Tokio estaban vacías. Inmediatamente, se pusieron a investigar las posibles causas y descubrieron que el problema procedía de un punto concreto de la cadena de empaquetado de jabones. Para solucionarlo, los ingenieros de la empresa diseñaron un nuevo y sofisticado sistema de rayos x con monitores de alta resolución, que serían manejados por trabajadores solo asignados para supervisar las cajas de jabón que salían de la línea de empaquetado. El invento tuvo un coste superior a los 250 mil dólares, pero empezó a fallar al cabo de tres meses. Entonces, los operarios que supervisaban la línea de empaquetado buscaron su propia solución, que consistió en un potente ventilador que apuntaba justo al punto donde llegaban las cajas preparadas para la venta. Así, si alguna caja no contenía jabones, salía volando. Esta nueva solución lógica y sencilla resultó mucho más barata y completamente efectiva.

De igual forma que la lógica puede ayudar a las empresas a ahorrar costes y a multiplicar sus resultados, pensar con lógica en bolsa te ayuda a ser rentable.

 

Las calles como escaparate de los sectores en tendencia

Por ejemplo, a la hora de seleccionar buenos valores para invertir, en lugar de pasar mucho tiempo estudiando información sobre ciertas empresas o leyendo a analistas que te recomienden invertir aquí o allá, fíjate en los negocios que están funcionando bien en la calle.

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Actualmente, observar lo que está prosperando a nuestro alrededor nos llevaría a la conclusión de que, entre otras tendencias, existe una demanda creciente de todo aquello que tiene que ver con la vida sana: cada vez se abren más establecimientos de productos ecológicos, los supermercados están destinando estantes y corners enteros a la alimentación sana, hay mucha gente por la calle corriendo o en bici, se celebran numerosas carreras populares y existe una amplia oferta de gimnasios en las grandes ciudades. Por tanto, en vista de esta tendencia, tendríamos que buscar en bolsa empresas de productos biológicos o firmas deportivas, porque muchas estarán subiendo.

Por otro lado, tendrás más posibilidades de ser rentable invirtiendo en empresas que no solo van bien en la actualidad, sino que tienen expectativas de crecimiento futuro. Hoy en día, este tipo de empresas son principalmente las relacionadas con la inteligencia artificial y la robótica, ya que estas tecnologías repercuten en el progreso de muchas industrias diferentes, desde las empresas de automoción a las biomédicas. Es más, el “big data”, directamente ligado a la inteligencia artificial, es ya una necesidad acuciante tanto en grandes empresas como en PYMES.

 

El arte de la sencillez en bolsa

Así pues, invertir en bolsa de forma lógica tiene mucho que ver con una forma simple de pensar y de operar.

En este sentido, nos ayudará mucho disponer de una metodología sencilla y ser fieles a la misma. “Inventar” en bolsa no suele traer nada bueno, al contrario. Son numerosos los testimonios de inversores que han empezado a tener pérdidas justo en el momento en que se han salido de su metodología. 

Por otro lado, operar de forma simple también equivale a evitar el uso excesivo de indicadores. Las medias móviles, los osciladores estocásticos, los MACD y otros indicadores generan muchas señales que, para los inversores largoplacistas, muchas veces son falsas y nos pueden confundir. 

Realmente, el mejor indicador que un inversor puede usar si quiere operar de forma simple es el precio. Con un gráfico limpio ya tenemos suficiente para tomar nuestras propias decisiones y marcar nuestra estrategia.

Mirar más la bolsa no cambiará el resultado

La bolsa puede ser adictiva. De hecho, para muchas personas lo es. Padecen lo que se conoce como “ludopatía bursátil” y se caracteriza por síntomas como el nerviosismo y la ansiedad al invertir, la euforia cuando se empieza a ganar - lo que lleva a abrir posiciones cada vez más arriesgadas-, y el pánico cuando se pierde.

Es cierto que, un trader puede ser más propenso a convertirse en un ludópata bursátil que un inversor a largo plazo, pero, al final, los impulsos y los pensamientos que desencadenan esta adicción son los mismos.

En Estados Unidos, la propia SEC (Security and Exchange Commission), el supervisor bursátil del país, incluye en su web varios enlaces a páginas especializadas en el tratamiento de esta enfermedad, en vista del alarmante aumento de casos cada año.

Y es que la obsesión por la bolsa no solo perjudica a la salud mental de la persona que la padece, sino que también altera su entorno y afecta a sus relaciones personales y laborales. Además, el ego potencia esta adicción, puesto que el ludópata bursátil piensa que tiene un don especial para ganar dinero.

Según expertos de la Connecticut Council on Problem Gambling, una de las instituciones con mayores conocimientos sobre ludopatía bursátil, la conducta de los adictos a la bolsa cumple estrictamente los criterios de juego patológico de los manuales diagnósticos de los trastornos mentales. Juegan exactamente igual que lo harían en un casino o en cualquier otro tipo de juego con apuesta. Algunos arriesgan mucho dinero, calculando poco los riesgos y buscando ganancias rápidas.

En cualquier caso, para no llegar nunca a ese extremo, lo primero que deben pensar los inversores es que la bolsa el 50% de los días sube y el 50% de los días baja. Además, las empresas dan resultados cada tres meses. Por tanto, ¿qué sentido tiene mirar la bolsa cada día y en cada momento? Mirar más la bolsa no va a hacer que una acción suba. Será suficiente con conectarte a la bolsa cada quince días para ver el estado de tu cartera y realizar los movimientos que consideres oportunos, según tu metodología.

 

No inviertas cuando el mercado está abierto

Precisamente, para preservar nuestra salud mental como inversores y no caer en adicciones destructivas, lo recomendable es invertir siempre cuando las bolsas están cerradas.

Pensemos que cuando operamos en tiempo real, percibimos las cosas de manera diferente, influidos por el “ruido bursátil”.  Las noticias que nos llegan y los acontecimientos que transcurren con el mercado abierto nos impiden pensar objetivamente.

Dicho de otra manera, operar en tiempo real predispone nuestra mente a magnificar las cosas y a ver tragedias donde no las hay o, incluso, lo contrario, a sobrevalorar ciertas fluctuaciones. De esta forma, corremos el peligro de cambiar de decisión constantemente, en vez de seguir nuestra estrategia, porque nuestras emociones están más expuestas a los estímulos externos.

En cambio, con el mercado cerrado, es posible invertir con tranquilidad, hacer una mejor selección de valores y evaluar con objetividad lo que más le conviene a nuestra estrategia.

 

Evita apalancarte en bolsa si no ganas al contado

Uno de los peligros a los que se exponen los inversores, tanto los principiantes como los más expertos, son los productos apalancados, es decir, aquellos que nos permiten hacer operaciones por sumas de dinero superiores a aquellas de las que disponemos en nuestra cuenta. Esto implica tener la posibilidad de multiplicar nuestras ganancias potenciales con movimientos pequeños si las cosas salen bien, pero, de igual modo, podríamos incurrir en grandes pérdidas si el resultado va en nuestra contra.

La inversión con productos apalancados, sobre todo con CFD, se está extendiendo mucho en los últimos años, pero los malos resultados para los inversores han llamado la atención de las autoridades. La propia ESMA, el regulador europeo, impuso el año pasado restricciones a los CFD, ya que se había comprobado que entre 74% y el 89% de los inversores particulares perdían dinero con este producto. Y ojo, que este dato es anualizado, es decir, que la realidad es todavía peor.

Para su mayor tranquilidad, los inversores deberían evitar el apalancamiento, pero, sobre todo, aquellos que todavía no controlan el riesgo operando al contado. Solo aquellos que obtienen unas rentabilidades constantes en bolsa pueden plantearse invertir en productos apalancados, aunque siempre siendo conscientes de alto riesgo que ello puede suponer para su capital.

 

No discutas con el mercado

Otro error común entre los inversores es echar la culpa al mercado de sus propias equivocaciones. Pero el mercado siempre tiene razón. Nunca se equivoca.

Puedes evitar vender una acción que baje, porque pienses que si no la vendes, no perderás. Pero cuando no te quede más remedio que venderla y tus pérdidas sean mayores de lo que podrían haber sido si hubieras salido a tiempo, solo podrás culpar de ello a tu ego y no al mercado. Los gráficos ya te lo estaban diciendo. Las empresas valen lo que valen y ahí no hay error posible.

Al final, los inversores somos los únicos responsables de nuestra operativa, ya que decidimos en qué valor entramos, cuándo lo hacemos, cuánto arriesgamos, dónde ponemos el stop y en qué momento cerramos la posición. Así que de nada servirá preguntarnos qué hubiera pasado si tal gobierno no hubiera impuesto esos aranceles o si el presidente de equis compañía no hubiera dicho esto y lo otro.

Ante unos acontecimientos determinados, solo nos queda seguir nuestra estrategia y apechugar con las consecuencias.

Como dijo Mark Douglas, hay que aceptar de antemano que el mercado es aleatorio y tanto el autodominio como la autoconfianza son claves para la supervivencia en el mundo bursátil.

Por tanto, no discutas con el mercado. Simplemente aprende a escucharlo y acepta lo que haga.

 

Ser feliz invirtiendo es ser feliz en la vida

El estrés y la obsesión de algunos inversores en bolsa no tiene tanto que ver con la actividad inversora en sí misma, sino con una inadecuada gestión del ego.

Bien enfocada, la inversión a largo plazo representa una buena oportunidad para aprender a caminar por la vida con actitud positiva.

La bolsa nos enseña a aceptar la incertidumbre, a buscar las mejores oportunidades, a medir el riesgo en la justa medida, a reconocer nuestros propios errores y a ser objetivos.

Ser feliz en bolsa es posible si se elige el camino del sentido común y de la sencillez. Esto se traduce en seleccionar valores alcistas y en máximos históricos, en prescindir de indicadores que compliquen nuestra lógica, en cortar pérdidas rápidamente y no esperar a que una mala acción nos arruine, en dejar correr los beneficios y en no permitir que el inconsciente tome el control de nuestras inversiones.

Será inevitable fracasar en algún momento, pero es mejor fracasar muchas veces perdiendo poco y aprendiendo que cometer una gran equivocación por haber asumido un alto riesgo.

Si hacemos bien las cosas pequeñas- diversificar, poner stops, aumentar el capital invertido poco a poco, etc- las cosas grandes vendrán solas y, con ellas, la esperada rentabilidad.

 

Este artículo ha sido extraído de la edición de junio de la revista TRADERS' by Rankia, si estás interesado en leer más artículos relacionados con el Trading, puedes suscribirte de forma gratuita a continuación.

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