Harruinado
26/04/26 06:03
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Historias de la Bolsa.
La guerra en Irán sigue siendo uno de los grandes focos de incertidumbre para los mercados internacionales. Peter Smith, estratega internacional de renta variable y CIO en Federated Hermes, considera que el conflicto puede afectar al comportamiento de las acciones globales, aunque no necesariamente invalida la tesis positiva de fondo para la renta variable.Según la gestora, la clave está en la duración del conflicto. Las economías globales se enfrentan ahora a un shock de oferta, provocado por las tensiones energéticas, los problemas de suministro y el bloqueo parcial de los mercados del petróleo. Este tipo de shock encarece los costes, presiona los márgenes empresariales y complica el trabajo de los bancos centrales.El riesgo: pasar de shock de oferta a shock de demandaEl escenario más delicado llegaría si la guerra se prolonga demasiado y los mercados globales del petróleo permanecen congelados. En ese caso, un problema inicial de oferta podría terminar convirtiéndose en un shock de demanda.La lógica es sencilla: si la energía se mantiene cara durante mucho tiempo, consumidores y empresas empiezan a reducir gasto, inversión y actividad. Lo que al principio era una crisis de costes puede transformarse en una desaceleración económica más amplia.El peligro para las bolsas no está solo en que suba el petróleo. El verdadero riesgo es que ese encarecimiento termine frenando consumo, inversión y beneficios empresariales.La amenaza de la estanflaciónFederated Hermes advierte de que una prolongación del conflicto podría desembocar en un episodio de estanflación global: bajo crecimiento económico combinado con inflación elevada. Este es uno de los entornos más difíciles para los mercados, porque limita la capacidad de reacción de los bancos centrales.Si la inflación se mantiene alta por culpa de la energía, los bancos centrales tienen menos margen para bajar tipos. Pero si al mismo tiempo el crecimiento se debilita, mantener una política monetaria restrictiva puede agravar la desaceleración. Esa tensión es especialmente negativa para los activos de riesgo.La historia juega a favor de la renta variableAun así, Smith recuerda que históricamente los acontecimientos geopolíticos suelen tener un impacto limitado y de corto plazo sobre los mercados de renta variable. Las bolsas tienden a sufrir en la fase inicial de incertidumbre, pero suelen recuperar terreno si el conflicto no deriva en un deterioro económico más profundo.Ese matiz es importante. No todos los episodios geopolíticos tienen consecuencias duraderas para los beneficios empresariales. El mercado puede absorber tensiones militares o diplomáticas si el crecimiento global aguanta y la inflación no se descontrola.La tesis alcista sigue viva, pero con condicionesFederated Hermes mantiene que la renta variable global dispone de varias palancas para generar retornos atractivos. Entre ellas están la resiliencia de beneficios, la capacidad de fijación de precios de determinadas compañías, la innovación tecnológica y la fortaleza de algunos sectores con balances sólidos.La condición es clara: debe evitarse que el shock de oferta se convierta en una crisis de demanda y en un episodio severo de estanflación. Si ese riesgo se contiene, la tesis alcista sobre la renta variable global seguiría intacta.La renta variable puede convivir con tensión geopolítica. Lo que no tolera bien es una combinación prolongada de energía cara, inflación persistente y caída de la demanda.La lectura final es prudente, pero no bajista. La guerra en Irán aumenta la volatilidad y obliga a vigilar el petróleo, la inflación y los márgenes empresariales. Sin embargo, mientras el conflicto no derive en un shock de demanda global, Federated Hermes considera que el argumento positivo para las bolsas internacionales sigue en pie.