Acerinox mantiene el pulso en un entorno complicado. En estos primeros días de mayo, la compañía ha presentado ante su Junta de Accionistas unas proyecciones ambiciosas: un potencial de crecimiento de 500 millones de euros en EBITDA a medio plazo, combinando mejoras orgánicas (como las expansiones en NAS y la integración de Haynes), sinergias y su plan Beyond Excellence. Es una apuesta clara por el crecimiento en EE.UU., que ya representa la gran mayoría de sus beneficios.
Por el lado positivo, el negocio muestra resiliencia. En el primer trimestre reportaron un EBITDA de alrededor de 102 millones de euros, mejorando respecto al cuarto trimestre anterior a pesar de las incertidumbres geopolíticas y arancelarias. La cotización ha respondido bien en lo que va de año, con subidas notables y un descuento bursátil que algunos analistas ven como oportunidad, sobre todo si logran mayor visibilidad en Estados Unidos (ya sea mediante dual listing o escisión). Además, siguen pagando dividendos atractivos y reforzando su posición en aceros especiales.
Sin embargo, no todo son buenas noticias. El año 2025 cerró con pérdidas netas por extraordinarios y un mercado de acero inoxidable que sigue débil en Europa, con presiones de precios y demanda floja. El impacto del conflicto en Oriente Próximo ha sido limitado (unos 2 millones hasta marzo), pero la logística y los aranceles siguen siendo dolores de cabeza. La integración de Haynes tiene que demostrar que genera las sinergias prometidas sin tensionar demasiado el balance.
En resumen, Acerinox parece bien posicionada para capturar una eventual recuperación del sector en 2026, gracias a su fuerte presencia americana y proyectos en marcha. Es un valor industrial con solidez, pero sigue muy expuesto al ciclo del acero y a factores macro. Los accionistas estaremos atentos a cómo evoluciona el segundo trimestre y si esas proyecciones de crecimiento se van materializando trimestre a trimestre. Buen potencial a medio plazo, pero con la prudencia que exige este negocio.